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Noticia enviada por Olga Ramos Maldonado (Diseñadora gráfica)
La Leyenda sobre la seda… Los escritos de Confucio y la tradición china (Silk - its manufacture and its history») cuentan que en el siglo XXVII a.C. un capullo de gusano de seda cayó en la taza de té de la emperatriz Leizu. Al intentar sacarlo de su taza, la joven de catorce años empezó a devanar el hilo del capullo. Tuvo entonces la idea de tejerlo. Tras observar la vida del gusano de seda a instancias de su marido, el Emperador Amarillo Huang Di, empezó a enseñar a su corte el modo de criarlos, la sericicultura. Desde ese momento, la joven permanecerá en la mitología china como diosa de la seda.
Siempre siguiendo las leyendas, la seda salió de China en dirección a la India en los cabellos de una princesa prometida a un príncipe de Khotan. Esta princesa, negándose a quedarse con su amada tela, desafió la prohibición imperial de exportar gusanos de seda.
A pesar de que la seda fue exportada muy pronto a países extranjeros, la sericicultura fue siempre un secreto cuidadosamente guardado por los chinos. Los otros pueblos tuvieron que inventar diversos orígenes para este maravilloso tejido. Así, los Romanos, grandes admiradores del tejido, estaban convencidos de que los chinos obtenían el hilo de las hojas de los árboles (Leáse: Jean-Noël Robert, "Las relaciones entre el mundo romano y China: la tentación del Lejano Este, Clio 2006. (párrafo: Los Seres, pueblo desconocido de un país inencontrable). Eso es por ejemplo lo que afirmaba Plinio el Viejo en su Historia natural (Libro IV, 20, 54):
“Los primeros hombres que se conocen son los Seres, famosos por el vellón de sus bosques; ellos cardan la parte blanca del follaje después de empaparla en aguay y de esta operación se origina una doble tarea para nuestras mujeres, devanar los hilos y tejerlos de nuevo”: primi sunt hominum qui noscantur Seres, lanicio silvarum nobiles, perfusam aqua depectentes frondium canitiem, unde geminus feminis nostris labos redordiendi fila rursusque texendi).
Los Seres han sido identificados en la Antigüedad con los chinos productores de seda. Acerca de este pueblo ofrecen información entre otros autores antiguos MELA I, 11; SOLINO 50, 2; AM. MARCELINO, XXIII, 6, 67).
Al parecer, los romanos habrían creído que la seda procedía de un árbol, como el algodón, y precisamente de sus hojas y no de sus frutos (así en VIRGILIO, Geórg. II 121). Posiblemente, en este pasaje PLINIO esté mezclando dos técnicas diferentes: la preparación de los vellones para fabricar lana y la de los capullos para la seda (cf. A. Fontán et alii, Plinio el Viejo, Historia Natural. Libros III-VI,, Madrid: Gredos, 1998, p. 314, n. 191) .
La pintura sobre seda natural es de origen chino. La aplicación directa del color con pinceles es muy habitual, pudiéndose utilizar otras técnicas. Aunque el método de pintura en seda más popular es el del sertí de gutta, existen otros medios para lograr acuarelas y distintos efectos, una de ella es la técnica de la sal.
Sin lugar a dudas, un efecto bonito que se logra depositando granos de sal gruesa sobre seda todavía húmeda, pintada con colores diluidos con agua. La sal absorbe el pigmento y una vez seco deja manchas claras, en forma de cristales (este efecto se puede utilizar también con técnicas más controladas). Finalmente, una vez seca la tela, se retira la sal.
Enlaces: Efectos especiales en la pintura - Técnicas de pintura en seda - Anjos Silk. Pintura en seda natural - Silk Color. Técnicas de aplicación
Esta técnica pictórica se basa en el hecho de que la sal, como es sabido, es muy higroscópica y retiene grandes cantidades de agua. La denominación higroscópico deriva del griego hygro‑ ὑγρός (gr. ‘húmedo’) + skop‑ σκοπέω (gr. ‘mirar detenidamente’) y se refiere a todos los compuestos que atraen agua en forma de vapor o de líquido de su ambiente.
Esta es la misma técnica en la que se basa, por ejemplo, la salazón: al colocar un alimento en sal conseguimos que poco a poco pierda el agua, con lo que no podrán tener lugar los procesos de putrefacción.
El naturalista romano Plinio el Viejo en su Naturalis Historia (s. I d.C.: nat. 31, 98) describe esta propiedad higroscópica de la sal, recogida también por Gómez Miedes en sus Comentarios sobre la sal (1572-79: sal. I 31, 3):(1)
«Salis natura est per se ignea et inimica ignibus, fugiens eos, omnia erodens, corpora uero astringens, siccans, alligans, defuncta etiam a putrescendo uendicans, ita ut durent per secula».
“La sal es por naturaleza ígnea y al mismo tiempo enemiga del fuego, del que huye; lo corroe todo, pero a los cuerpos los astriñe, seca, comprime y a los cadáveres los libra incluso de la putrefacción, de modo que perduran durante siglos”
Esta técnica de pintar con sal tiene una explicación científica similar al fenómeno de una escena trivial y familiar como es echar sal sobre la tela de un mantel cuando alguien tira una copa de vino:
LAS MANCHAS DE VINO Y LA SAL
Capítulo 12 del libro II de los Comentarios sobre la sal de B. Gómez Miedes (1572-1579)
"En cualquier lugar siempre se ha atribuido entre los convidados como falta vergonzosa si alguien, vertiendo en la mesa vino, ya sea que esté bastante sobrio y por tanto el hecho es más vergonzoso, ya sea que esté muy ebrio, mancha la espléndida blancura de los manteles.
He sabido que antaño los romanos solían molestarse en los convites ante la vista de esta desgracia de la misma manera que con derramamiento de sangre humana. Y esto no sólo lo he sabido a partir de pasajes diversos, sino sobre todo de la historia del senador romano Quinto Sertorio (cf. Plutarco Sert. 26). Éste, así pues, entonces valiente general de los españoles, por lo demás hombre muy sobrio, cuando vivía en Huesca, ciudad muy insigne de España, hasta tal punto odiaba y le sentaba mal que el vino se derramara de tal modo, que los comensales que habían conspirado para darle muerte no buscaron otra ocasión para provocarlo que fingirse borrachos y derramar en la mesa una copa de vino puro; ésta era, así pues, la señal dada a los conjurados. Y cuando aquél quiso reprobarles su acción, provocada la pelea, lo aniquilaron.
Lo cierto es que actualmente en todo lugar se suele atacar al que derrama y mancha los manteles de esta manera con ánimo tan hostil e irritado, que, siempre que aparecen manchas, no dejan de acosarle todos con murmullos y calladas protestas y sin duda arderían en cólera si la sal, mediadora blanca y pacífica de la mesa [candidus ac pacificus mensae deprecator sal], en el centro y a mano, en seguida no saliera al paso de una desgracia inminente. En efecto, si se aplica y esparce sal sobre las manchas todavía húmedas, no sólo las cubre y disuelve cuando el vino se seca, sino que también, tras restituir a los manteles poco más o menos su blancura primitiva, apacigua los ánimos de los convidados. "
¿Cuál es la explicación científica de esta práctica habitual de eliminar las manchas de vino con sal?(2)
A escala microscópica se ejercen fuertes atracciones entre las fibras del mantel, hechas de algodón de celulosa (polímero de la glucosa formado por numerosas moléculas de azúcar encadenadas) y las moléculas de los colorantes naturales del vino (procedentes de la uva).
Es como si las fibras de celulosa tuvieran una tira de velcro diminuta que les permitiera capturar las moléculas del colorante.
He ahí, en la firme fijación de unas moléculas con otras donde reside la amenaza de la “temible mancha roja”, que habría que eliminar lavando el mantel con mucha agua y uno de nuestros modernos y eficaces detergentes. Salvo que apliquemos rápidamente SAL, que desempeñaría la función de un útil ayudante.
La sal se disuelve, como es sabido, en el agua y, por tanto, también en el vino, que es una mezcla acuosa. Los diminutos cristales de la sal atraen al vino, y con él a los colorantes disueltos en él, para disolverse, en parte, en el vino. Los cristales de sal restantes, los que permanecen en estado sólido, confieren a la mezcla su aspecto pastoso y adsorben a su vez determinados colorantes.
Las adherencias microscópicas entre un soporte y las moléculas más diversas reciben el nombre genérico de ADSORCIÓN.
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(1) Cf. S. RAMOS MALDONADO, «La sal y la técnica de la salazón en la Antigüedad: estado de la cuestión en el siglo XVI», Actas del Congreso Internacional Cetariae. Salsas y salazones de pescado en Occidente durante la Antigüedad, Universidad de Cádiz, Noviembre de 2005, Colección British Archaeological Reports. International Series Xxxx, Oxford 2006, 163-171.
(2) Cf. P. LASZLO, Los caminos de la sal, Madrid: Ed. Complutense, 2001, pp. 154-156.