El Museo del Vino y la Sal abre una primera fase de participación popular
Los interesados podrán usar un correo electrónico para exponer sus ideas y podrán aportar aperos o útiles a estas instalaciones
Diario de Cádiz- Redacción / Chiclana | Actualizado 21.06.2009
El Museo del Vino y la Sal, en cuyo proyecto trabaja ya el Ayuntamiento, una vez adquirida la nave donde se ubicará (perteneciente a la bodega Collantes, en la calle Concepción), ha abierto una primera fase de participación, con el objetivo de oír cuantas ideas, sugerencias, propuestas... puedan realizar los chiclaneros, especialmente aquellos ligados a ambos sectores económicos.
Para ello, se ha creado una dirección electrónica (museodelvinoylasal@chiclana.es), a la que los interesados pueden dirigirse. Además de obtener respuesta de en qué punto se encuentran los trámites para la gestación del proyecto museístico, podrán trasladar sus ideas, que luego serán analizadas por una comisión que se creará al efecto. A este apartado también se pueden dirigir aquellas personas que dispongan de algún tipo de aperos o útiles que tengan la intención de donar para las futuras dependencias museísticas.
El siguiente paso que prepara el equipo de gobierno para trasladar el proyecto a la sociedad local es un acto en el que, a través de varias proyecciones y explicaciones, se pretende, además de mostrar el trabajo ya realizado, exponer algunas ideas en marcha en museos similares del resto de España, y abrir un foro de debate sobre qué contenido ha de tener el museo de Chiclana. Este encuentro tendrá lugar antes de un mes en la Casa de Cultura.
Ambas
iniciativas se incluyen dentro del primer propósito que se marcó el
equipo de gobierno cuando puso en marcha la idea, que el futuro museo
fuese fruto de la participación de cuantas más personas mejor, teniendo
en cuenta, sobre todo, la gran tradición que liga a tantas familias de
la ciudad con el sector vitivinícola y salinero, y la gran importancia
que estos ámbitos económicos han tenido en la ciudad a lo largo de la
historia, desde el siglo XV hasta el XX.
México, 5 de junio.- A fin de comprender el valor social y cultural
que tiene la producción artesanal de la sal de la Costa Chica de
Guerrero, la investigadora Haydée Quiróz presentó, la víspera, el libro
titulado "Las mujeres y los hombres de la sal". En este volumen, la autora ofrece una profunda investigación sobre
estos grupos, cuya labor cotidiana va más allá generar un producto
básico dentro de la alimentación. Esta obra, presentada por Quiróz en la Quinta Margarita del Museo
Nacional de Culturas Populares, que contó con la participación de
Malinali Meza, Juan Carlos Reyes y la moderación de Martha Bremauntz,
fue editada por la Dirección General de Culturas Populares del
Conaculta. Se trata de una visión personal que tiene la autora sobre los grupos
que producen sal, en una de las regiones más emblemáticas de México. Un viaje realizado por la zona en 1989 fue el inicio de esta
investigación, señaló la autora, quien realizó sus estudios en la
Universidad Nacional de Trujillo, Perú; y en la Escuela Nacional de
Antropología e Historia, en México. A partir de entonces iba acompañando a su colega Catherine Good,
quien estaba interesada en hacer un viaje de inspección y seguimiento
de la antigua ruta de la sal que le habían narrado los nahuas de
Ameyaltepec. "Al llegar a la Costa Chica nos dimos cuenta de todo el proceso para
producir sal y los modelos de intercambio alrededor de este trabajo.
Ahí observé que este proceso era importante por sí mismo y decidí
trabajar el tema de manera personal, pero no visto desde el punto de
vista del comercio, sino desde el aspecto cultural", explicó. La sal, señaló, tiene un valor por sí solo, toda vez que refleja en parte "la etnicidad de estos grupos de origen africano. Por otro lado, hay que conocer todas las redes de intercambio y
relaciones que establecen entre ellos y que se reflejan en sus
celebraciones populares, como los casamientos y las muertes". Durante el acontecimiento, los presentadores destacaron la
importancia de la producción artesanal de la sal, pues a parte de que
se paga barata, no se le da el valor agregado, por lo que afirmaron "se
debe pensar una forma de retribuir de manera más justa el trabajo que
se realiza en la región". Consideraron también que "estudios como estos, abren la posibilidad
de reflexión para que la gente que se dedica a esta labor valore el
trabajo invertido y el depósito de ese saber tradicional del que son
receptores y a la vez difusores para las generaciones venideras". Haydée Quiróz es licenciada en Antropología Social por la Universidad de Trujillo, Perú. Obtuvo la maestría en Antropología Social de la Escuela Nacional de Antropología e Historia en México, en el Distrito Federal. Posee, asimismo, un doctorado en la misma especialidad por la
Universidad Iberoamericana. Además es autora de artículos publicados en
diversas revistas y los libros: "El carnaval en México, abanico de
culturas" y "Fiestas, peregrinaciones y santuarios en México". (Con
información de Notimex/CFE)
El valor de la investigación de Quiroz es tal, que tan pronto fue
presentada como tesis doctoral fue subida a la página virtual de la Biblioteca Cervantes.
Más información aquí
Las salinas ibicencas pudieron tener su origen en los primeros estanques que la población púnica explotaría donde están hoy, no lejos, por cierto, del asentamiento fenicio de sa Caleta.
Por increíble que pueda parecer, el desierto y el mar se parecen en su absoluta desnudez y en su inmensidad aparentemente ilimitada. Y las ondulaciones de las dunas recuerdan el oleaje tendido de la mar. Visto así, podemos entender que los antepasados de los fenicios pudieran cambiar el desierto por el mar y los camellos por barcas. Fue un cambio que hicieron con tal convencimiento que aquellos beduinos fueron conocidos como los nómadas del mar, los ´pueblos del mar´.
MEMORIA DE LA ISLA / MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ [Diariodeibiza.es]
Sabemos que los fenicios y cartagineses no fueron dados al ocio ni a
filosofías, sino abocados al negocio, pueblos pragmáticos que se
aplicaron en aprovechar lo que el entorno de sus ciudades y el medio
marino les ofrecía. Construyeron los mejores puertos y los barcos más
ligeros y seguros, hicieron travesías de miles de millas, controlaron
las rutas comerciales, practicaron la navegación de altura y nocturna
orientándose por las estrellas, inventaron el alfabeto, fueron
extraordinarios artesanos en el trabajo del metal, el vidrio y la
madera, proveían a otros pueblos de productos manufacturados,
fabricaban la famosa púrpura con caracoles marinos (el ´múrex´, el
cornet de nuestros litorales), fueron excelentes agricultores, pescaban
atunes, inventaron las piscifactorías, conocían el arte de desecar y
salar carnes, pescados y aceitunas, y explotaron en épocas muy
tempranas las salinas, industrias, todas ellas, que enseguida les
copiaron los romanos. Decimos esto para concluir que las salinas
ibicencas pudieron tener su origen en los primeros estanques que la
población púnica explotaría donde están hoy, no lejos, por cierto, del
asentamiento fenicio de sa Caleta. Y si, como sabemos con certeza,
exportaban desde Ibiza productos como higos secos (nuestras
incomparables xereques que estaban entre los frutos más preciados del
occidente mediterráneo), y púrpura (como lo prueba la pequeña factoría
de la que tenemos vestigios en el Canal d´en Martí, junto al Pou des
Lleó), es probable que comerciaran con la sal que ya explotaban en
Trapani (Sicilia) y en otras plazas africanas; y que exportaran
asimismo salazones de las que fueron grandes consumidores y que
conseguían destripando el pescado, dejándolo secar y colocándolo en
ánforas y tinajas en las que alternaban, en capas sucesivas, el pescado
y la sal.
Hoy es difícil hacernos una idea de la importancia que en el
mundo antiguo tuvo la sal. Se sabe que la carne salada fue un invento
celta que se apropiaron los romanos. Catón, por ejemplo, nos dejó en su
tratado De agricultura la fórmula exacta para curar el jamón. Los
romanos tuvieron salinas junto a muchas de sus ciudades y en las
salazones la base de su comercio. Roma subvencionaba la sal, tuvo una
Via Salaria, pagaba a los soldados con sal y manipuló su precio para
financiar las guerras con Cartago. El adobo de sal en los manjares y su
uso en las salsas era un signo de refinamiento. En las mesas romanas
salaban las verduras para contrarrestar su amargor, costumbre que nos
legó la ensalada. Tomaban como aperitivo aceitunas curadas en agua de
mar, y con sal y vino fabricaban el defrutum, una bebida picante.
La sal se relacionaba, además, con la fertilidad, posiblemente porque veían que los peces eran más prolíficos que los animales terrestres. Llamaban salax al hombre enamorado y, todavía hoy, la palabra ´salaz´ significa lujurioso. La sal sorprendía por su permanencia: se disolvía en agua y desaparecía, pero al evaporarse ésta, la sal cristalizaba de nuevo. Esta inalterabilidad hizo que se utilizara en los pactos. El Dios de Israel hizo con David y su descendencia una ´alianza de sal´. Y la sal fue también un signo de amistad: «compartir el pan y la sal» era una señal de acogida que perdura en los pueblos orientales. Y por sus propiedades antisépticas, se utilizaba para conservar alimentos. Los egipcios ya explotaron salinas en el delta del Nilo, pero mucho antes la obtenían en cazuelas de barro en las que dejaban evaporarse el agua del mar. La empleaban como condimento y mezclada con vinagre obtenían una salsa, el oxalme. También era una ofrenda funeraria y necesaria para embalsamar: los poderosos utilizaban resinas y natrón, pero el pueblo llano se conformaba con resinas y sal. Se creía, por otra parte, que la sal ahuyentaba los malos espíritus. Ezequiel explica que se frotaba a los recién nacidos con sal para protegerlos del Mal y que la sal se utilizaba en ofrendas y sacrificios. Este sentido religioso pasó luego al mundo cristiano. «Vosotros sois la sal de la tierra», les dijo Jesús a sus discípulos. De hecho, la sal sigue utilizándose en el rito bautismal, en el agua bendita y en una costumbre tan nuestra como la salpassa, eclesiástico asperjar de las casas para alejar al Maligno que incluye la colocación de montoncitos de sal bendecida en los rincones y en los dinteles de puertas y ventanas, en los que, por si fuera poca protección, se pintaban cruces sobre el encalado. Mucho después, en la Edad Media, todavía encontramos caravanas de camellos transportando sal desde Taoudenni hasta Tumbuctú en un viaje de setecientos kilómetros.
Ciudades
como Taghaza se construyeron enteramente con bloques de sal, único
material que abundaba en la zona. Y más cerca de nosotros, Salzburgo
significa, precisamente, ´ciudad de la sal´. Este aprecio de los
pueblos antiguos por la sal no puede extrañarnos. Incluso hoy, cuando
la conocemos mejor, no dejamos de admirar sus paradójicas propiedades,
no en vano la sal apaga el fuego y derrite el hielo, al tiempo que su
composición es casi alarmante, pues se genera cuando un metal inestable
y que puede inflamarse como el sodio reacciona con un gas venenoso, el
cloro, para convertirse en un alimento, el cloruro sódico. Y su uso
cotidiano en la mesa, por otra parte, hace que obviemos algo tan
sorprendente como el hecho de que la sal sea la única piedra
comestible.
La sal esparcida por las calles este invierno afecta ahora a las personas alérgicas
Pese a que en la actualidad los niveles de polen se mantienen bajos debido a las últimas lluvias, la actividad alérgica se prevé “muy dura” esta primavera cuando las temperaturas empiecen a alcanzar los 20 grados. Así lo ha avanzado Alicia Armentia, investigadora del Hospital Río Hortega de Valladolid, quien ha explicado a DiCYT los distintos factores que afectarán a la salud de los alérgicos en el transcurso de esta campaña. Entre ellos destaca la gran cantidad de sal esparcida por las calles este invierno, marcado por las intensas heladas y la nieve.
Una investigación realizada por científicos de la Universidad de Iowa,
en Estados Unidos, ha revelado que cuando las ratas tienen deficiencia
de sodio cloruro (o sal de mesa) no disfrutan de actividades de las que
normalmente sí disfrutarían, como beber agua azucarada.
Este hecho induce a pensar que el déficit de sal puede provocar uno de los síntomas clave asociados con la depresión, explican los investigadores: la pérdida de interés por actividades que habitualmente nos resultan agradables.
Por otro lado, si la sal fuera realmente una sustancia que sube el estado de ánimo se explicaría porqué siempre tendemos a consumirla en exceso, a pesar de sus contraindicaciones para la presión sanguínea o las enfermedades coronarias (se calcula que consumimos de media 10 gramos de sal al día, cuando lo recomendable serían 4 gramos).
Los experimentos realizados con las ratas
mostraron asimismo cambios similares en la actividad cerebral tanto si
las ratas estaban expuestas a drogas como si lo estaban a un déficit de
sal. Estos resultados sugieren que la sal puede incluso ser una
sustancia adictiva.
Según los investigadores de la Universidad de Iowa, nuestra aficción por la sal podría tener una explicación evolutiva.
Nuestros organismos evolucionaron en medioambientes salinos (océanos), lo cual volvía al cloruro sódico un elemento clave para la vida. Sin embargo, nuestros ancestros homínidos, al evolucionar en África lejos del océano y con climas calurosos no podían darse el lujo de consumir mucha sal, lo cual explicaría que nuestros riñones sean tan avaros con la sal.
También por el mismo motivo tenemos un sentido del gusto preparado para detectar la sal, y su consumo activa los circuitos cerebrales del placer. De hecho, los últimos descubrimientos indican que la necesidad y las ansias de consumir sal podrían estar vinculadas a las mismas zonas del cerebro que generan los problemas de adicción a las drogas.
El desierto de sal
La salina del Gualicho, cerca de Las Grutas, una de las playas más concurridas de la Patagonia, es territorio de leyenda. Crónica de una visita al corazón del reino de la sal. El sobrecogedor espectáculo de la noche en la estepa blanca bajo un cielo infinito de estrellas.
Por Graciela Cutuli [Pagina/12: TURISMO]
Son las seis de la tarde, y un grupo animado está reunido en el centro de Las Grutas, desdeñando el llamado de la playa en una espléndida tarde de sol. Uno a uno, vamos subiendo en un vistoso camión preparado para dejar atrás las rutas costeras rionegrinas y adentrarse en el desierto: el destino de la expedición es la Salina del Gualicho, en el Bajo del Gualicho, que con 72 metros bajo el nivel del mar es la segunda mayor depresión de la Argentina, después del Bajo San Julián. También es la salina más grande del país, con una superficie equivalente a la Capital Federal; la segunda de América después del Salar de Uyuni, y la tercera en explotación industrial. Sólo unos 60 kilómetros la separan de Las Grutas, pero el contraste es tan intenso que la imaginación multiplica la distancia por diez.
La salina esteparia
Lentamente,
sacudiéndose al ritmo que marcan los vaivenes del camino y espiado por
manadas de guanacos curiosos, el camión avanza por una ruta de ripio
que de pronto deja ver, allá a lo lejos, una difusa mancha blanca. Es
el primer avistaje de la salina, un oasis blanco en medio de la estepa,
que poco a poco se va acercando hasta que de pronto el camión ya está
circulando sobre una huella de sal y bajamos, entre asombrados y
conmovidos, en un enorme playón rodeado de altos bloques que parecen
nieve en polvo.
“El origen de este salar –explica el guía, rodeado de máquinas y blancos bloques de sal– es netamente marino: cuando se empieza a elevar la cordillera de los Andes, este sitio sufre una gran depresión e ingresa el mar; por eso se encontraron fósiles de gran tamaño correspondientes a costas. Cuando el mar se retiró, el agua estancada se evaporó y por decantación la sal quedó pegada en el fondo.” En millones de años, la capa madre sumó 23 metros de profundidad.
El
ecosistema es curioso: gracias al invisible contacto entre el mar y la
salina, cuando las mareas suben también suben las napas, y entonces el
agua brota sobre la sal. Parados sobre un bloque blanco, junto a una
tolva que se usa en la recolección, escuchamos más datos sorprendentes:
“Las salinas son de gran extensión, pero sólo se las explota sobre este
lugar: más al oeste hay grandes ojos de agua que no permiten raspar la
superficie del salar porque el peso de los vehículos puede hacer que se
sumerjan en esa laguna y es complicado rescatarlos”.
Atardecer sobre la sal
La
charla y las preguntas se prolongan, a medida que baja el sol: hay
tiempo para recordar que del antiguo pago con sal viene el “salario”, y
que según la superstición es mala suerte pasarla de mano en mano,
simplemente porque era moneda de pago y parte de esa moneda podía
quedar pegada en las manos. Por las dudas, nadie osa mencionar a la
mujer de Lot... Hasta que, nuevamente, los guías invitan a subir al
camión. Un breve trayecto, con el blanco y la nada por todo horizonte,
y estamos ahora en el lugar más fantástico que puedan imaginar nuestros
ojos: es una llanura de sal sin fin, el corazón del Gualicho, el fin de
todo lo conocido, sólo rodeado por las blancas parvas donde se acumula
la sal. Es la hora en que se pone el sol, con el cielo de un celeste
pálido que poco a poco se tiñe de rosa y se va esfumando como en un
improbable cuadro impresionista. A lo lejos se ven los camiones de las
empresas salineras que van regresando poco a poco, hasta dejarnos
totalmente solos en medio de la nada. Corroídos por la sal, ya que la
lejanía del agua dulce impide lavarlos para prolongarles la vida útil,
los vehículos atraviesan la planicie como lejanos fantasmas.
Mientras tanto, entre los visitantes primero reina el entusiasmo: es la hora de las fotos, de tocar el suelo con incredulidad para asegurarnos de que aunque parezca nieve estamos realmente parados sobre un campo de sal, quebradizo y gigante, envueltos en un aire que hasta parece salado al respirar. Absolutamente plano, este campo es una pista alternativa para los transbordadores espaciales, si por cualquier razón tuvieran que aterrizar en un lugar diferente del previsto por los ingenieros espaciales.
Luego, llega el momento de la contemplación: un silencio suave cae sobre los grupos que se fueron formando poco a poco, y un asombro sin palabras va ganando el lugar. Nuestro guía es el encargado de romper el hechizo, invitando a un brindis con champagne a la luz de las primeras estrellas, un brindis que se nos antoja mágico, como suspendido entre el cielo y la tierra.
Noche sobre el Gualicho
Unos
minutos después, bajo un cielo ya oscuro, regresamos al campamento.
Para encontrar una nueva sorpresa: como por arte de magia, aparecieron
junto al camión de apoyo mesas, sillas, manteles, vinos. Hasta se
instaló un pequeño baño químico unos metros más lejos, afortunadamente
bien invisible, visitado poco a poco por los excursionistas. Las
lamparitas que iluminan esta cena a la luz de las estrellas se cargan
en la batería de los camiones, donde también se está cocinando
lentamente el plato al que esta noche haremos los honores: pollo al
disco, en su punto justo, condimentado por expertos y tan delicioso
como cada detalle de esta expedición insólita a uno de los lugares más
remotos del mundo.
Reunidos en grupos improvisados, los viajeros todavía se están contando
anécdotas e intercambiando datos cuando de pronto se apagan todas las
luces, y se enciende el cielo. En la negrura más absoluta, resaltan los
puntos luminosos de millones de estrellas y la estela blanca de la Vía
Láctea: el espectáculo es sobrecogedor, y cuesta despegar la mirada del
firmamento cuando nuestro guía nos invita a dejar las mesas para
sentarnos un poco más lejos, en ronda, a mirar las constelaciones y
escuchar leyendas. Poco a poco, la vista se va entrenando, y la figura
aparentemente caprichosa delas estrellas va dibujando los personajes de
la mitología que desde tiempos ancestrales sirvieron de orientación a
los navegantes: con asombro y hasta cierta pena, nos enteramos de que
probablemente la tercera de las Tres María ya se ha extinguido, y hoy
sólo nos llega su luz, viajando en el espacio desde hace millones de
años, a velocidades casi incomprensibles. Más allá, la Cruz del Sur
indica con precisión nuestra ubicación en el globo, y muchas otras
estrellas van encontrando su lugar en el dibujo de las distintas
constelaciones. En esta noche sin luna las leyendas flotan a nuestro
alrededor, y nuestro guía y relator las va desgranando, tenuemente,
mientras invita a amplificar los astros con un catalejo de visión
nocturna cuyas células fotosensibles aumentan 40.000 veces la luz,
acercándonos las estrellas y convirtiéndolas en globitos luminosos
suspendidos en el espacio, casi al alcance de la mano.
Leyendas a la luz de las estrellas
Entretanto,
van surgiendo los recuerdos y los mitos. Las historias de las travesías
tehuelches hacia el horizonte, donde termina la salina, en busca de la
salvación; los relatos del diablo que se oculta en las depresiones y
lugares oscuros que nadie visita, ofreciendo pactos y tentaciones; las
leyendas de la luz mala y de la mujer que levita, como alma en pena,
frente a los atónitos choferes de los camiones con sal.
Así poco a poco, aunque no lo parece, las horas han pasado. Todos inmóviles escuchan, algunos sin animarse a mirar hacia atrás, otros atentos a los sonidos imperceptibles que trae la oscuridad en el desierto. Aquí, en esta dimensión que parece fuera de las coordenadas del tiempo y el espacio, ya es más de medianoche. Es la hora señalada, la hora del regreso, en la que nos toca desandar el trayecto realizado y volver al mundo real que espera nuevamente en Las Grutas, junto a la playa, cerca del mar y lejos de la sal. Pero queda, como un eco en los oídos, el cálido entrechocar de las copas de champagne durante la puesta de sol en el salar, y como un resplandor en los ojos la luz infinita de las estrellas que miran hacia abajo, hacia el infinito manto blanco hundido bajo el nivel del mar.
Quince voluntarios ambientales del Aula de Mayores de la UCA terminan mañana su proceso de formación dentro del ‘I Programa de Sensibilización y Educación Ambiental: la sal de la vida’
UCA: Las actividades van encaminadas a la recuperación y difusión de la cultura salinera
El pasado 12 de diciembre comenzó La sal de la vida, un programa de sensibilización y educación ambiental subvencionado por el Área de Medio Ambiente de la Diputación Provincial de Cádiz. La Asociación para el Voluntariado y la Cooperación UCA Solidaria, es la responsable de su puesta en marcha, y en la que también colabora la Oficina Verde, unidad perteneciente a la Dirección General de Infraestructuras y Sostenibilidad de la Universidad de Cádiz.
La sal de la vida es un proyecto que aúna diversas actividades, todas complementarias entre sí y encaminadas hacia la recuperación de nuestro legado cultural salinero, y a su difusión especialmente entre los escolares.
Para llevar a cabo este cometido se ha dotado a los voluntarios de una formación previa, consistente en tres sesiones formativas. De éstas, dos han sido impartidas por Lázaro Lagóstena y Alejandro Pérez, profesores e investigadores en el tema salinero de la UCA.
El jueves 29 de enero tuvo lugar la tercera sesión formativa in situ, en dos salinas de Puerto Real, la salinas La Esperanza y la salina y molino de mareas de Ossío. Con esta visita, los voluntarios pudieron trasladar los conceptos teóricos adquiridos a la práctica, conversar detenidamente y disfrutar recibiendo las explicaciones de dos maestros salineros, Joaquín Berenguer y Juan Gómez, dos salineros tradicionales que actualmente gestionan dichas salinas. Como apoyo a sus explicaciones, Berenguer mostró aperos típicos del oficio y Gómez disertó sobre el potencial cultural e histórico del antiguo molino de marea, presente en su salina.
Mañana, 4 de febrero, tendrá lugar la última sesión formativa de este primer módulo. A cargo de Antonio Navarrete, director de la Oficina Verde de la UCA, se abordará el proceso de obtención de información a través de entrevistas que realizarán los propios voluntarios a varios maestros salineros.
Una vez recabada la información, comenzarán los contactos entre los alumnos del Aula de Mayores y los receptores últimos del mensaje, los escolares de primaria y secundaria de tres centros de la Bahía de Cádiz. A continuación, los voluntarios, ayudados por especialistas, realizarán el diseño de un material didáctico adaptado al nivel de los escolares. Finalmente lo aplicarán y evaluarán logrando así un material con el que dotar al profesorado de unas herramientas sencillas y eficaces para trabajar en el aula el tema salinero.
Pase público para ver en Vigo la salina romana más antigua
Vigo y la sal; la sal y Vigo. El binomio, trascendente para la historia de la ciudad olívica desde el siglo I después de Cristo, desvelará parte de sus claves con la apertura del Centro Arqueológico del Areal, bautizado como Salinae, que contiene una de las salinas de evaporación solar más antiguas.
Catalogado por los expertos como un yacimiento arqueológico "único" por su antigüedad, ya que está datado entre los siglos I y III después de Cristo, una de sus características singulares reside en estar incardinado en el corazón de la ciudad olívica y, por tanto, de muy fácil acceso para todos los interesados en la historia de Galicia.
Diez años después de haber sido descubierto, como consecuencia del inicio de las obras de construcción del centro de salud de la calle Rosalía de Castro, el yacimiento deja en evidencia la estructura completa de una salina romana, ya que se distingue perfectamente desde los depósitos del agua marina a las cavidades profundas donde se acumulaba, o las áreas de evaporación que eran de menor altura con la finalidad de que el agua se calentara y las zonas donde se conseguía la cristalización de la sal.
Con una inversión de 1,4 millones de euros, la Consellería de Cultura no solamente ha conservado in situ los restos arqueológicos hallados, obligando a variar el proyecto constructivo del centro de salud, ya que el yacimiento se encuentra en el subsuelo de la fachada principal, sino que ha creado un centro de interpretación. Se ha diseñado expresamente un programa didáctico para que los visitantes reciban toda la información sobre el proceso de obtención de la sal utilizado por los romanos.
Además, la exposición se completa
con los usos de los romanos para obtener el condimento de la sal y el
uso que le daban en su existencia cotidiana, y como fuente de ingresos,
ya que llegaba a ser una parte del sueldo.
Noticia del descubrimiento en septiembre de 2007 aquí.
EL EMPLEO DESPROPORCIONADO DE SAL CONTRA LAS HELADAS EN ESPAÑA SUPONE UN DAÑO ECOLOGICO QUE COSTARÁ MUCHO REPARAR
Informativo.net
En algunas ciudades europeas y gobiernos municipales está prohibido el empleo de sal para combatir la nieve y el hielo tanto en las carreteras como en la vias públicas. La razón: el impacto negativo en el medio ambiente, los daños ecológicos provocados al agua potable en el subsuelo, así como a plantas, árboles y resto de la flora próxima.
Miles de toneladas
De acuerdo a algunos estudios científicos a los que ha tenido acceso sacapartido.com, se calcula que el empleo de sal contra las heladas es el responsable de la muerte del 90% de los árboles en algunas grandes ciudades europeas. De ahí que cada vez más municipios, debido al impacto ecológico, rehusen el empleo de sal y empleen otros sustitutos.
Algunas alternativas sostenibles pueden ser arena, ceniza o gravilla, que tienen como ventaja frente a la sal ser más biodegradables, menor coste y con una eficiencia similar, ya que logran sin dañar el ecosistema derretir el hielo sobre las calles en un plazo similar de tiempo.
Baste recordar cierta normativa en una ciudad como Berlín, donde los ciudadanos están obligados a retirar con sus propios medios la nieve y las placas de hielo de sus calles hasta un mínimo de 1,5 metros de su propia acera o portal, no a cualquier hora del día, sino ya a partir de las 7 de la mañana (9 en días festivos). Esta práctica berlinesa prohibe el empleo de sal salvo riesgo de ser sancionado con una multa de hasta 10.000 euros.
Aparte de los costes provocados, la vida del entorno verde y en especial de ciertas especies de árboles , capaces de producir cada uno el equivalente a unos 7.000 litros de oxígeno diarios que consumen 9.000 litros de C02 y de filtrar al menos 2 kilos de polvo en suspensión, son más que razón suficiente para la utilización de alternativas más sostenibles.
¿Alguien en España es sensible a este asunto o todo vale con tal de no culpar a nadie del caos circulatorio y el colapso de los aeropuertos, a cambio de toneladas y toneladas de sal rociadas estos días por la vía pública para paliar unas heladas sin anunciar pero cuyos efectos nocivos caro pagaremos?
Sacapartido.com
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